Aún hay tiempo

aunhaytiempo

[En el jardín maternal, durante la última hora del día, cuando bebés y deambulantes pasaban a compartir  la sala esperando a sus mamas]

BB: waaaaAAAAAA
#RetoñoPividori2:Shhhhhhh!
BB: Waa Waaa WaaaAAAAAAA
#RetoñoPividori2:shhhhhh! nnnOO bb! No! Shhhh!

Gra: Pero #RetoñoPividori2 es una bb! Es chiquita!
#RetoñoPividori2: Shhhh! Upa mío Dra.
Gra: ¡ !

Cuando #RetoñoPividori1 nació, la pediatra dijo “¡Es un panchito!” refiriéndose a su tranquilidad, a lo mimoso que era. Desde que nació lo tuvimos que despertar para comer.

Tres años después, nació #RetoñoPividori2, mismo consultorio, misma pediatra, idéntica situación y el comentario fue “Ah, es Activo”. No necesité que me explique nada, con una semana de vida, le había puesto los puntos al mundo y a mí.

De la misma mamá, el mismo papá, el mismo molde, dos personas distintas y únicas. Algo obvio que en ese momento era inexplicable.

Y buscando:  el carácter se forma, tiene un componente psicológico, ambiental y social. Mientras el temperamento tiene una base hereditaria. 

Si le hubiesen preguntado sobre el asunto a mi prima Julieta, hubiese dicho en código familiar y con cariño: “Está cagado genéticamente”. Y sí, este segundo niño heredó mi temperamento y el de todo su árbol genealógico materno. Lo sé, el de un huracán lanza lava.

La segunda consulta pediátrica fue una sesión psicológica. Arrancamos por la broma de los bebés panchitos o activos para finalizar con las fortalezas de cada temperamento. La clave para encontrar paz fue: el carácter se termina de formar al finalizar la adolescencia.
Aún había tiempo. No sabía para qué, pero había tiempo y me tranquilizaba.

Fue tiempo para enamorarme de su persistencia, su tenacidad. Su decisión y sus objetivos claros de niño.

Todos los días busco el límite justo entre educar y guiar, pero sin matar el temple, el temperamento que tanto me asustó y hoy protejo de cualquier etiqueta para que sea quién tiene que ser.

Conozco su naturaleza, veo la nobleza de sus decisiones siendo tan chico  y tan grande, en comparación con la semana de vida que tenía cuando estaba en el consultorio.

Aún hay tiempo, pero no te distraigas, tus hijos no esperan para crecer.

Debbie.

 

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