Querían un perro, traje un gato

gatoperro

_Día1_
#RetoñoPividori1: Mamá, estuvimos hablando con RetoñoPividori2, queremos un perro.
Debbie: ssmmmNNNN dejame que lo hable con tu padre.

[“ElPadre”: NO, ni gato ni pez, ni perro, ni tortuga, ni hámster. NO]

_Día3_
Debbie: ¡Miren!
#RetoñoPividori2: Mamá ¿Vos me estás cargando? ¡Es un gato! 
Debbie: ¿Vos viste alguna vez un gato con correa?
#RetoñoPividori2: MAMAAAAÁ hace miauuuuuu ¿No oís?!!! Miauuuuu !!
Debbie: A ver, dejame que me pongo los lentes.
#RetoñoPividori2: …. No es gracioso.

#RetoñoPividori1: ¡Un gatito! ¡Sí! ¡Qué lindo! ¿Ya hizo miau?
#RetoñoPividori2: … me voy a mi pieza.

Mientras #RetoñoPividori2 caminaba ofendido hacia la pieza, Shadow, nuestra nueva mascota, decidió seguirlo, trepar hasta su cama y acurrucarse en su panza. No voy a ponerle suspenso al final de la historia, hoy son amigos inseparables.

Pero Shadow además de lindo, “esponjoso”, ronronero y mimoso necesita cuidados. Y esa fue la razón por la que lo traje pese al No de “El Padre”.

Dividimos sus cuidados básicos turnándonos y rotándolos semanalmente. Que siempre tenga agua, darle su comida por la mañana, limpiar la bandeja de sus necesidades.

Estas tareas fueron distintas a las de poner la mesa, o regar las plantas. Si alguno no pone la mesa eso se nota y automáticamente se corrige. Si nos olvidamos de regar una planta… bajan sus hojas, pero no percibimos que sufre.

Si Shadow tiene hambre te despierta a las 4am, si tiene sed se lo ve buscando agua por donde puede, si no limpiamos su bandeja no hace en ella sus necesidades, si está enfermo todos queremos consolarlo y ayudarlo.

Esta fue la primera vez que la responsabilidad de una tarea para mis hijos se transformó en una necesidad, la necesidad de que otro ser esté bien.

“La empatía es la capacidad para ponerse en el lugar del otro y saber lo que siente.”

La llegada de Shadow me ayudó a enseñar en casa la palabra empatía. Transformó a los #RetoñosPividori en cuidadores, los hizo importantes desde un rol que no conocían. Hoy se sienten orgullosos de su gato, esto colaboró con su auto-estima.

Shadow no siempre tiene ganas de jugar, y sabe defender su postura… se hace respetar. Si mi gato se hace respetar, yo también puedo hacerme respetar. y, así como respeto a mi gato, tengo que respetar a los demás.

Y una de las cosas más lindas, todos aprendimos a romper con las etiquetas. El perro se puede amaestrar, es fiel, más inteligente. El gato no.

Shadow, nuestro gato, se sienta si das una palmadita en el suelo y da la pata o … “Choca los cinco”.  Si, como un perro.
Tardamos un mes durante el cual dedicamos sólo los fines de semana para entrenarlo.

Y si mi gato puede romper con lo que otros dicen que puede o no. Yo también puedo lograr mis objetivos pese a lo que dicen los demás. 

Dejo el video de uno de sus entrenamientos para que se diviertan.

PD: Si ven a Shadow algo cansado, es que en la primer media hora de vídeo, olvidé apretar REC en la cámara…

Debbie.

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