Bullying: Dejá ma, no va a cambiar nada.

dejamama

Debbie: ¿Te volvieron a molestar en el cole?

#RetoñoQEnamora: Si, ayer.

Debbie: Voy a volver a hablar en el colegio.

#RetoñoQEnamora: Dejá ma, no va a cambiar nada. Va a seguir pasando.

Dejé al gordo subiendo las escaleras del colegio y golpeé la puerta de dirección.

Le repetí a la directora la conversación que había tenido con el gordo por la mañana y finalicé explicando que no podía enseñarle que no  importa lo que hagamos, que igual no iba a cambiar nada. Que no podía enseñarle que no se pueden cambiar las cosas.

Ya hacía un tiempo que pasaba esto y había tenido reuniones con la maestra y la psicopedagoga del colegio. Pero las cosas no mejoraban o mejoraban muy lentamente. Sabía que esta problemática no se podía solucionar de la noche a la mañana. Había que hablar con los chicos, citar a los padres, hablar con el grupo de compañeros.  Pero ese día sentí que ya estaba bien de tiempos y de todo. Que BASTA.

Me acuerdo que un día le dije a mi #RetoñoQEnamora

Vos se la devolvés ¿Me entendés? Defendete o esto no se termina más. Vas y cuando te quiere pegar le pegás vos primero.

Mal hecho, pero no por incitar a la violencia eh, sabés que soy un huracán lanza lava y que en ese momento  me hubiese gustado que le deje un ojo en compota al otro chico. No es políticamente correcto… no es correcto, pero es lo que sentía.  Vamos a contar las cosas como son o no las contamos.

Pero estuvo muy mal porque me olvidé que mi hijo tenía 8 años. A la noche, cuando volví del trabajo…

Mami, son más rápidos que yo. Lo intenté.. pero..

Lo abracé fuerte y le pedí perdón. Perdón por exponerlo, perdón por no poder hacer nada más rápido. El volcán lanza lava había entrado en actividad.

Volví al colegio llena de angustia, de impotencia, para ver que estaban haciendo. La verdad es que estaban haciendo y mucho. Pero no siempre es tan fácil. No siempre es tan rápido.

Mientras caminaba a la sala de reuniones para hablar vi a uno de los supuestos “Bully” y se me rompió el corazón. Uno siente que el que agrede a tu hijo es un villano de película, un gigante de bigotes que mastica tabaco, con revolver y  sombrero de cowboy.

Pero no, era un nene, con cara de nene, con ojos grandes y tristes, que por algo también lo estaba pasando mal. Era un nene que no encontraba otra forma de pedir ayuda. Entendí que eran varias realidades que había que tratar.

Pero ¿Cómo proteger a mi hijo mientras todo se solucionaba? Su autoestima caía en picada, estaba disperso en el colegio, la cosa tenía que cambiar ya.

En esto último focalicé la conversación con el colegio. La respuesta fue unánime entre los profesionales, tenemos que trabajar en fortalecer a su hijo.

Al principio me confundió, yo quería que no le peguen más, que no lo carguen más. Y ellos me decían que lo tenía que ¿Fortalecer?

Más tarde… como unos meses más tarde, pude interpretar el mensaje. Cuando una broma no tiene retorno, no tiene más gracia. Cuando una agresión se enfrenta con alguien tranquilo, alguien firme que pone en vereda al otro, el agresor deja de sentirse “ganador”.

La casualidad hizo que una semana después Miguel Sumer Elías, experto en el tema, me explicase que en los casos de bullying hay tres actores:

  • El agresor
  • La victima
  • Y los espectadores. Los chicos que ven lo que pasa.

Hace muy poco docentes y profesionales de la educación comenzaron a integrar a estos chicos a las conversaciones sobre bullying como protagonistas con poder de acción: de colaborar para frenar esta problemática.

En el colegio estaban trabajando en reflexiones grupales con todos, pero yo no estaba haciendo lo mismo, hablaba con mi hijo, con el colegio, pero no con las mamas de los otros chicos. Y pese a las recomendaciones de NO LO HAGAS…

Interrumpí el interminable chat de mamis: NECESITO AYUDA. Nos está pasando esto…“ No di nombres, no puse culpables, pero conté todo. Hasta ese momento no lo había comentado con NADIE.  Era un tema ¿Privado?

¿Qué si me preguntaron quién / quiénes eran? SI. Pero sabía que también tenía que proteger a estos chicos. No necesitaba un linchamiento. Necesitaba ayuda en el mientras tanto.

¡Qué lindo lío materno se armó! Para mi sorpresa esto no le pasaba sólo a mi #RetoñoQEnamora. Eran varios nenes los que sufrían bullying.

Cada una habló con su hijo, bien, sin acusaciones. Preguntando, indagando, algunas  mamas descubrieron que a sus nenes también los agredían pero ellos no lo habían compartido aún.

Armamos reglas de supervivencia por así decirlo. Todos juntos al baño, todos juntos al kiosco, todos juntos en el patio.

Si alguien veía al  agresor cerca de un nene potencialmente agredido se acercaba a él para hablar. Esto era regla. No dejar a los amigos solos.

Las cosas se calmaron, se encausaron. Todo parecía solucionarse hasta que unos meses después el mismo nene que molestaba al retoño apuntó contra su mejor amigo en un recreo. Y él describió así el momento:

“Mami, quiso pegarle y no.  Eso no. ¡Con él no! Me paré adelante y le dije que eso no iba a pasar más, que si se quería quedar a jugar ok, pero que sino que se vaya. “

Ese día entendí que había crecido muchísimo. Que se había fortalecido, cómo me explicaban en el colegio. Que había terminado una etapa.

Nota: Aprendí que no siempre doy buenos consejos a mis hijos, que muchas veces aprendo junto a ellos.

Aprendí que siempre hay que hablar y pedir ayuda. Todo fue más rápido a partir de que hablé en el grupo de madres.

Aprendí que yo también tenía que ayudar al otro nene protegiendo su identidad para que no lo etiqueten, que él también tenía que fortalecerse y tener una oportunidad  distinta con sus amigos.

Pero también recordé que no siempre voy a poder protegerlo de todo.  Y esa parte aún la estoy madurando. A mí que me gusta tener todo bajo control, la vida me está enseñando que vivo en medio de un caos cambiante.

Debbie.-

[Este post, como casi todos, está realizado bajo la supervisión de su protagonista.]

 

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4 comentarios

  1. Me pareció sumamente instructivo. Gracias porque siempre estoy pensando en este tipo de situaciones y como hacer para enfrentarlas. Sé que detrás de la agresión hay un conflicto interno pero llegado el momento y si mi hijo es la víctima los más probable es que aconseje lo mismo que vos. Me alegra que todo haya terminado y con final feliz.

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